Adictos al control

Nos hemos vuelto adictos al control y día a día nos cargamos de responsabilidades y expectativas hacia nosotros, hacia los demás, y hacia la vida misma.
Cuando somos capaces de soltar el control soltamos a su vez el gran peso que llevamos en los hombros. Es un peso que a días se hace insoportable y que además no te permite disfrutar de la vida como podrías hacerlo, te sientes cansado, tenso, pesado… es como si estuvieses tensando una cuerda constantemente; las manos te quemaran de tanto tensarla, sientes pesadez en los brazos, te duelen las cervicales, notas como tu cuerpo está constantemente en tensión y tu estado emocional se ha vuelto un volcán a punto de erupcionar.

Soltar el control no significa pasar de todo ni que todo te dé igual. No significa hacer cualquier cosa sin que te importen las consecuencias ni las personas, no significa vivir en el caos.

Soltar el control es tomar conciencia de que la vida tiene su propio control y que hay muchas situaciones en las que no lo tendrás tú.

En que fluir y dejarte llevar también es bueno. En que a veces cuando transitas la incertidumbre aparecen cosas, sitios, personas y experiencias increíbles que bajo tu control absoluto jamás habrías tenido oportunidad de conocer porque habrías estado pendiente de no soltar la cuerda. Incluso aparece una versión de ti que no conocías y que puede que te sorprenda.

Confiar es muy importante para poder soltar el control. Confiar en que la misma fuerza que sostiene cada estrella en el cielo, te sostiene a ti para que no caigas. Y cuando eres capaz de confiar ya no te haces responsable de lo que venga, sino de cómo vas a responder a ello, porque te has vuelto consciente de que lo único que está bajo tu control eres tú mismo.
Ahora el AMOR es la energía que lleva tu vida, ya no permites que sea el MIEDO.

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