“Nunca he conocido a una persona, sin importarme su condición, en quien no viera las posibilidades. No me importa cuán fracasado pueda considerarse un hombre, creo en él, porque puede cambiar las cosas que están mal en su vida cada vez que esté preparado y listo para hacerlo. Cada vez que lo desee, puede eliminar de su vida aquello que le está venciendo. La capacidad de reformar y cambiar su vida se encuentra en su interior.”
Preston Bradley
 

Deseas que todo cambie, que todo te vaya a mejor. Deseas con todas tus fuerzas que algún día todo acabe y que todo empiece de nuevo. Te convences a ti mismo de que todo irá bien, de que ya te toca un poco de arena por todas las de cal que llevas encima. Pero nada cambia. Y a pesar de que la vida sigue moviéndose no sientes que nada cambie, todo sigue diferente pero igual. La noche y el día se hacen uno para ti. Cambian las fichas del tablero pero tú tienes la sensación de seguir jugando la misma partida. Nada cambia. Todo sigue… “igual”.

Día tras día intentas poner la sonrisa por delante de tu hastío porque el mundo dice que hay que sonreír y claro, “tienes que estar a la moda del positivismo”. Hay que aparentar que todo te va bien y día tras día intentas reprimir esas sensaciones de tristeza y resignación que te mantienen atado a una vida que te has creído que mereces vivir. Nada cambia. Todo sigue… “igual”

Sin ser consciente empiezas a buscar que alguien te salve, un amigo, una pareja, un cambio de trabajo, unas nuevas vitaminas, flores, nuevos libros de autoayuda, nuevos tipos de alimentación, péndulos, piedras colgadas del cuello, un viaje a un lugar lejano, una nueva terapia, un nuevo guía…

Y poco a poco, sin darte ni cuenta, has ido delegando tu felicidad en otras manos que no son las tuyas y a medida que sigues sin ser feliz empiezan a ser culpables de tu infelicidad todos menos tú. Nadie ni nada, por más que lo intentas, es capaz de darte la felicidad que buscas. Te has creído a ti mismo que podías llenarte y tomar de otros lo que tú mismo no has sido capaz de darte. Has delgado tu responsabilidad y eso ha ido menguando a la vez tu autoestima; ya no te reconoces, te has convencido de que la felicidad no es para ti y así lo creas en tu vida.

Y es sólo entonces, cuando la inmovilidad pesa mucho más de lo que tu verdadera esencia está dispuesta a soportar, cuando decides buscar las respuestas a todas tus preguntas en ti mismo.

 “Las personas sólo cambiamos de verdad cuando nos damos cuenta de las consecuencias de no hacerlo”.
Mario Alonso Puig.

Dejas de poner todas tus esperanzas en aquellas cosas que no dependían de ti y sólo te funcionaron durante un breve espacio de tiempo. Empiezas a creer en ti, a ser tú, tu propia esperanza, a convencerte de que eres el destino que construyes y te espera al otro lado, creándose a cada paso que das. Comprendes que nada va a ayudarte si no lo haces tú primero y que la esperanza que has puesto en lo demás sólo era un reflejo de la poca esperanza que tenías en ti mismo. A partir de ahora ya no buscarás más ídolos que te salven sino que simplemente dejarás que te acompañen para ayudarte a construirte como el propio héroe que has sido siempre pero que no te has dado el suficiente tiempo para ver.

Ahora la vida ya no es una losa que pesa en tu espalda sino que ha pasado a ser un camino a vivir, no porque la vida sea diferente, sino porque has cambiado el sentido de la responsabilidad que ejerces sobre ella, sobre ti. Tú has cambiado, todo ha cambiado.

 “Me gusta ser hombre, ser persona, porque sé que mi paso por el mundo no es algo predeterminado, preestablecido. Que mi “destino” no es un dato sino algo que necesita ser hecho y de cuya responsabilidad no puedo escapar.”

Paulo Freire