En este post vamos a pedirte un favor. Vamos a pedirte que pongas toda tu atención en el vídeo que vas a ver a continuación y que sobretodo la pongas en los juicios que te van apareciendo mientras ves el vídeo.

Te pedimos que seas tú un integrante más de ese jurado y que te pongas en situación para evaluar a las personas que tienes delante. ¿Preparado?

 

Si, nosotros también nos quedamos con la boca abierta ¿Alucinante verdad?

Ahora puede que quieras irte, pero si decides quedarte y seguir leyendo el post vamos a reflexionar juntos sobre lo que acaba de pasar aquí. Vamos a hacerte unas cuantas preguntas para tu reflexión y te pedimos que seas lo más sincero posible contigo mismo.

¿Qué juicios te han aparecido antes de que la señora se pusiese a bailar, es decir, mientras se presentaba?

Seguramente por el título del vídeo sabías que te sorprendería, pero si has hecho bien el ejercicio de ponerte en el papel del presentador, puede que tus juicios hayan ido por otro sitio ¿De qué forma has juzgado a esta señora antes de saber de lo que es capaz?

¿Cuáles iban apareciendo a medida que la señora hacía acrobacias con su compañero?

A medida que la señora bailaba seguro que incluso has podido sentirte culpable por haberla juzgado, como le pasa a uno de los del jurado, o quizá orgulloso de ella, o alucinado por todo lo que te ha demostrado en unos minutos.

¿Te has parado a pensar a cuántas personas juzgas antes de demostrar lo qué valen?

Queremos que con esta pregunta reflexiones como hermano, hijo, padre, madre, amigo, compañero, jefe, empleado, jugador, entrenador, alumno, profesor…, en definitiva, en todos los roles en los que operes en tu vida y te auto observes por un momento y analices todos los juicios que tienes sobre personas a las que ni si quiera les das una oportunidad de ser mejores, de poder demostrar lo que valen o incluso de demostrárselo a ellos mismos, gracias a la amable compañía de tus juicios.

¿Cuantas veces te han juzgado los demás y has dejado de hacer lo que amas o te has creído simplemente que no eras capaz?

Lo peor de juzgar no es quién emite el juicio, sino quién lo recibe, porque quién lo recibe es el que debe decidir si se cree lo que le están diciendo o no. ¿Cuantas veces te has creído lo que decían que eras? ¿A quién le has dado autoridad para limitarte?

¿Quién te gustaría ser a partir de ahora? ¿Vas a ponerte excusas del estilo… «Ya soy demasiado mayor para esto»? ¿Qué vas a hacer?

Llegados a este punto vamos a pedirte dos cosas. La primera es que dejes de lado tu dedo acusador, tu mente de juicios sobre lo que es posible o lo que no, sobre lo que está bien y no, porque a partir de ahora vas a ser consciente de que puede que estés limitando la vida de la persona que estás señalando y puede que incluso quieras lo mejor para esa persona. ¿Vas a ser tu el asesino que mate sus sueños?

La segunda es que ya es hora de que te quites de encima las creencias o juicios que un día dijeron sobre ti y te creíste. Ya es hora de que las cojas todos esos juicios y excusas, las metas en un saco y las tires al fondo del mar.

¿Estás preparado para ser quién en realidad quieres ser? ¡Pues no dejes que te limiten!