Ilustración de @lauraamo

 

Sofía es una mujer que vive en Barcelona y tiene 35 años. Nos llama por teléfono y acudimos a ella. Quedamos en el hall de un edificio muy bonito para conocernos. Desde afuera parece un edificio de negocios en el centro de una gran ciudad, de esos que miras hacia arriba y llegan a las nubes, pero en realidad se trata de algo más. Este edificio es sin duda, un edificio mágico. Es el edificio de su vida. En él se encuentran todos sus recuerdos, sus experiencias, sus metas, sus sueños… es por eso que hemos quedado allí. Sofía nos espera en la entrada. Es una chica de ojos grandes, sonrisa sincera y mejillas sonrosadas. Lleva una coleta alta y viste un vestido negro, muy serio para lo juvenil que nos parece ella.

– ¡Albert! ¡Carol! Tenía muchas ganas de conoceros – nos dice en cuantos nos ve y nos invita a pasar tras un efusivo abrazo a ambos.

 

En la cafetería del hall compartimos un café calentito con Sofía en unos sofás muy cómodos y allí nos cuenta por qué nos ha llamado. Su objetivo es subir a lo más alto del edificio, dice con los ojos brillantes por la ilusión, ya que allí es donde se cumplen los sueños. Pero desde hace tiempo, cuando sube al ascensor y le da a los botones el ascensor no responde ya que las plantas más altas parece que están bloqueadas. No es capaz de acceder a ellas de ninguna manera por mucho que lo intenta y lo vuelve a intentar. Ha probado de subir por las escaleras pero hay un momento en el que llega al final de las escaleras y aun faltan muchos pisos por subir. No consigue ascender a donde ella quiere. También intentó escalar, nos cuenta algo divertida al recordarlo, por el exterior del edificio, pero a parte de una locura, tampoco fue una idea de éxito.

 

Finalmente ha decidido pedir ayuda para ver por qué su edificio guarda las plantas más altas con tanto recelo, esas en las que ella realizaría sus sueños y sería feliz. Nos confiesa que está convencida de que un monstruo vive en el sótano y controla su ascensor. Él debe de haber bloqueado los botones más altos y no la deja subir. Tiene sentido ya que la caja mecánica del ascensor se encuentra en lo más bajo. Si alguien la está manipulando desde allí, es imposible que ella pueda subir.

 

Hablamos esa tarde con ella en el Hall (planta 0). Allí Sofía se siente cómoda para hablar con nosotros y también aprovecha para conocernos y descubrir nuestra forma de trabajar, la confianza que le ofrecemos y la amabilidad y cariño con la que la vamos a tratar durante todo el proceso. Le contamos la experiencia que tenemos cazando monstruos y ella se siente encantada de oír nuestros casos de éxito. Su terror se reduce con cada caso que le contamos ya que con ellos descubre que no es la única con este problema. Al saber que hay tantos monstruos ahí afuera, parece que el suyo pierde un poco de poder. Ya no es único y terrorífico. Sólo es terrorífico.

 

Las siguientes veces que vamos a verla ya empezamos a investigar cómo cazar al monstruo y trazamos con ella el plan a seguir. Sin duda, debemos de ir bajando. Cada día un poquito más abajo, a medida que ella se vaya sintiendo preparada para hacerlo, claro. Nosotros cazamos monstruos a diario pero ella es la única que puede darle a los botones de su ascensor. El ascensor sólo y exclusivamente reconoce su huella. Así que hasta que ella no esté preparada para bajarnos, nosotros no podremos ayudarla a cazarlo.

 

… Continuará…

 

Déjanos un comentario si quieres que publiquemos la segunda parte del cuento 🙂

 

Ilustración de @lauraamo