Hemos escuchado millones de veces que mantener el equilibrio es fundamental en nuestras vidas, y nosotros creemos que lo es más, cuando se trata de nuestro equilibrio emocional, que es el que rige nuestra vida y estado de ánimo a cada paso que damos en ella. También compartiréis con nosotros que no podemos vivir sin emociones ya que somos seres emocionales.

 ¿Qué es para nosotros el equilibrio emocional?

Nos imaginamos el equilibrio emocional como un equilibrista caminando encima de una cuerda y llevando una barra de forma horizontal en sus manos, dónde de cada uno de los lados cuelgan sus emociones haciendo contrapeso, como si de una balanza se tratara.

En esta balanza tienen lugar todo tipo de emociones, y todas ellas cumplen un lugar y función en el equilibrio emocional de la misma. No nos vamos a detener ahora a etiquetar si hay emociones buenas o malas, positivas o negativas, constructivas o destructivas, simplemente nos vamos a limitar a entender que cada una de estas emociones está específicamente construida para cumplir una función en nuestro propio aprendizaje y bienestar emocional, no vamos a juzgarlas ni a ponerles etiquetas.

Así dicho, parece muy fácil pero es importante entender y aplicar este concepto, ya que al etiquetarlas, podríamos caer en el error de querer prescindir de algunas de las emociones que no nos gusta sentir, pero por suerte por mucho que lo deseemos y por mucho que queramos, no podemos obviar nuestras emociones ni podemos anularlas o eliminarlas.

 Aprender a andar en bicicleta no significa aprender a mantener el equilibrio, sino aprender a no perturbar ese equilibrio, aprender a no interferir. (Seymour Papert)

¿Cómo mantenemos el equilibrio?

Primero de todo debemos empezar por aclarar que las emociones de por si no duran mucho en el tiempo, son sensaciones que nos pasan debido a una determinada experiencia, en un momento determinado, y aunque no sea fácil asumirlo, somos nosotros los que decidimos que se establezcan durante un tiempo determinado con nosotros, generando así, a la larga, nuestro estado de ánimo.

Lo curioso es que por lo general, solemos almacenar y sostener emociones que no son útiles para nuestra felicidad, sino que las sostenemos de forma inconsciente para que nuestra mente las almacene y se prepare para su propia supervivencia.

Una vez que sostenemos demasiado tiempo la emoción y se convierte en nuestro estado de ánimo, pasamos a construir y ver todo nuestro mundo desde ese estado de ánimo, como si él fuese el que opera por nosotros, quitándonos el poder incluso de decidir por nosotros mismos

Vemos las cosas, no como son, sino como somos nosotros. (Immanuel Kant)

Lo primero que tenemos que hacer entonces para mantener el equilibrio, es ser conscientes del peso que llevamos en cada brazo de nuestra balanza e identificar que emoción es la que en su día permitimos que tuviese más peso de lo debido en ella. Sostener una emoción durante mucho tiempo puede hacer que la balanza se desequilibre y por consiguiente te desequilibre a ti.

Si entendemos que cada emoción, sea cual sea, está ahí para ayudarnos, dejaremos que haga su trabajo y se vaya, experimentaremos lo que ella nos ofrezca y luego la despediremos dándole las gracias por habernos ayudado en el camino.

¿No os habéis fijado en los niños? Cuando tienen una emoción, la agotan al máximo, no se guardan nada, porque todavía no han aprendido a juzgarlas, y eso les lleva a un equilibrio constante.

Ejercita tu equilibrio emocional

La teoría es muy bonita, pero sin la práctica la teoría no se interioriza, así que si te apetece te proponemos que ahora cojas papel y lápiz.

Vamos a hacer 2 columnas. En una te proponemos que escribas una lista (columna izquierda) las emociones que creas que hoy te tienen atado, esas que crees hacen que tu balanza esté o haya perdido el equilibrio.

Una vez las tenemos al lado de cada emoción vamos a poner a qué crees que te predispone esa emoción, es decir, que acciones te lleva a hacer.

Por ejemplo, imaginaros que mi emoción es el miedo y me doy cuenta de que casi todo lo que hago está influido por ese miedo. Pues el miedo me lleva a no probar nada nuevo, a desconfiar, a paralizarme, etc.

Viendo a que te predispone cada emoción puedes ser más consciente de su peso en tu balanza y así analizar si te sirve o no en cada situación de tu vida. De esta forma vas a ser tú quién elija sobre tu vida, quién dé los tiempos, quién marque el ritmo, quién sea el protagonista, en definitiva, quién equilibre su balanza.

A continuación compartimos un vídeo del programa REDES “Cambiar el cerebro para cambiar el mundo” que os invitamos a que lo veáis con atención.

Muchas Gracias y deseamos que te haya ayudado nuestro post.