Juzgar está totalmente integrado en nosotros. Entendemos la vida juzgando. Conocemos a una persona y nuestros juicios empiezan a operar desde el primer segundo.

Viajamos a otro lugar y juzgamos todo cuánto vemos.

Por mucho que queramos no podemos dejar de juzgar, forma parte de percibir y de integrar la información en nosotros pero sí que está en nuestras manos poder revisar, subir el volumen y CAMBIAR los juicios por otros que nos interesen más.

Por ejemplo, si yo juzgo que mi trabajo es:

  • Aburrido
  • Monótono
  • Inútil

Seguramente iré cada día al trabajo con desgana, desmotivación y un desgaste de energía enorme para superar la jornada.

Al margen de nuestras posibilidades por cambiar de trabajo, mientras tengas que seguir ahí podrías cambiar tus juicios por:

  • “hago mi trabajo lo mejor que puedo”
  • “el trabajo que realizo es útil para alguien”
  • “aunque hago cada día lo mismo, encuentro algo nuevo en cada día”

 Fíjate que el trabajo seguirá siendo el mismo, pero habrás cambiado las lentillas con las que lo miras y eso, puede cambiarlo todo.

Con las personas también pasa. Quizá conozcas a alguien (de tu trabajo, de tu clase, de tu grupo de amigos o de tu familia) que juzgas como “tonto”. Cada vez que hace un comentario tu internamente piensas “qué tonto eres” aunque sonríes y le sigues el juego ¡claro!

En vez seguir en esa incoherencia, puedes cambiar tus juicios sobre él. Al margen de que sea tonto o no (que eso es exclusivamente una percepción tuya y no tiene por qué ser real) ¿Qué más puede ser? ¿Quizá es educado? ¿Sonriente? ¿Agradable? ¿Amable?

Pues cada vez que lo veas, en vez de pensar en “tonto”, cambia ese juicio por otro como “amable”,  verás cómo cambia tu percepción, vuestra relación y la coherencia de tu sonrisa.

 Si no podemos dejar de juzgar, siempre podremos escoger qué juicios hacer.

Piensa ahora por un momento en eso que te molesta de otra persona (eso que te molesta mucho mucho y te pone de los nervios) ¿lo tienes? Piensa en alguien con quien vivas o pases mucho tiempo cada día. Y ahora piensa en lo que más te molesta de esa persona (pero algo que realmente te moleste mucho, que te ponga de los nervios o te irrite) ¿lo tienes?

Pues tenemos una noticia para ti, eso que tanto te molesta de esa persona, es un reflejo de tu interior que estás proyectando en los demás, ya que eso que tanto te irrita no le pertenece a él sino a ti.

La vida es un espejo y no vemos prójimo más que en nuestro propio reflejo.

Florence Scovel

Y seguro que estarás diciendo “¡Qué va! Eso no tiene nada que ver conmigo” pues sí, tiene TODO que ver contigo y NADA que ver con la otra persona.

Todas las personas que ves, es como si sostuvieran en sus manos un gran espejo en el que cuando las miras, te ves reflejado.

Reflejo

No te ha pasado nunca que has conocido a alguien y has comentado con tu amiga:

– “vaya tío más pesado, no dejaba de hablar, me ponía de los nervios ¡es que ni respiraba! Sólo hablaba”

y tu amiga te ha contestado:

–  “¿ah si? No me había dado cuenta, me ha parecido que llevaba la iniciativa de la conversación si, pero muy agradable ¿no?”

Y tú alucinas.

–  “¿hemos hablado con la misma persona? ¿seguro?”

¿Te ha pasado alguna vez algo similar? Pues es la misma persona, sólo que tu amiga ha visto algo diferente, ha visto su reflejo y tú el tuyo.

Esto no quiere decir que tú seas una charlatana y no pares de hablar como él. El reflejo no es tan directo. Pero si eso realmente te ha molestado tanto, pregúntate:

 – ¿Por qué me molesta tanto esto?

– ¿a quién no dejo hablar yo?

– ¿quizá me gustaría poder hablar y expresar más lo que pienso?

Juzgar

El reflejo puede estar reflejando tus ganas de hablar, de expresarte con facilidad como esa persona. Puede estar reflejando algo que tú también haces y que no te gusta hacer, puede estar reflejando que en realidad no dejas hablar a nadie, pueden ser muchas cosas.

Sólo tú puedes buscar en tu interior y encontrar dónde te ha molestado tanto y qué tiene que ver contigo.

A veces cuesta encontrarlo, a nadie le gusta buscar entre sus sombras y detectar que en realidad eso que tanto te molesta de la otra persona, tiene que ver más contigo que nada. Pero encontrar el reflejo, hará que integres esa “sombra” tuya. Que te hagas consciente de ella y que por lo tanto, deje de molestarte al verla en los demás.

Quizá no podamos dejar de juzgar para entender el mundo, pero seguro que si a partir de ahora ves en todas las personas oportunidades de ver tus reflejos, de ver todo aquello que sin un espejo no podrías apreciar de ti mismo, tus juicios cambiarán.

Deja de criticar, deja de quejarte, deja de hablar mal de los demás. Todo esto sólo habla de ti y dice cómo eres tú. Recuerda que cuando señalas con el dedo a alguien, tres dedos te señalan a ti.

Señalar