¿Tienes ansiedad? Pues deja de luchar contra ella. ¿Y si te dijéramos que la ansiedad es tu aliada y no tú enemiga?

Quizá te sorprendería ¿verdad?

Nos escribe mucha gente hablando de ansiedad, nos cuentan que llevan incluso AÑOS “luchando” contra ella. Otros nos hablan de ansiolíticos, de meditar para acallarla, ¡de “acostumbrarte” a vivir con ella incluso! A nosotros no nos gusta ninguna de esas opciones y hoy aquí te vamos a proponer una nueva:

Ama a tu ansiedad

¿Amarla? Si, amarla, sentir amor por ella, sentir gratitud, sentir que es parte de ti.

Pero empecemos por el principio ¿qué es la ansiedad?

La ansiedad (del latín anxietas, ‘angustia, aflicción’) es una respuesta emocional o conjunto de respuestas (…)  tiene una función muy importante relacionada con la supervivencia, junto con el miedo, la ira, la tristeza o la felicidad. Para preservar su integridad física ante amenazas el ser humano ha tenido que poner en marcha respuestas eficaces y adaptativas durante millones de años: la reacción de lucha o huida.

En la actualidad se estima que un 20.5% o más de la población mundial sufre de algún trastorno de ansiedad, generalmente sin saberlo.

(Fuente: Wikipedia)

No vamos a entrar mucho más en explicar qué es. Nosotros simplemente con que es una respuesta emocional con una función importante relacionada con la supervivencia, ya nos es suficiente para lo que queremos contarte: que debes amarla.

La ansiedad no es un ente con vida propia que se haya instalado en tu vida y quiera putearte (si era eso lo que pensabas).

No, la ansiedad es una respuesta ante las situaciones que vives y cómo las vives. La ansiedad aparece frente a pensamientos tuyos que alertan a todo tu organismo de PELIGRO.

Si estás nervioso, preocupado, tienes miedo o angustia por pensar en algo que podría llegar a pasar en el futuro (aunque también puede NO pasar nunca) tu cuerpo reacciona y se prepara. El cuerpo no distingue si es un peligro REAL, como encontrarte frente a un tigre hambriento a punto de devorarte o si es tan sólo tu imaginación: “¿Y si un día me despiden del trabajo?” el cuerpo sólo recibe “MIEDO” y responde y te  prepara: o bien para luchar, o bien para huir.

Químicamente, si te estás imaginando todo lo malo que te podría pasar mañana (que también puede que no pase NUNCA y se quede simplemente en tu imaginación), tu cuerpo piensa que es real y se prepara para ello: genera dopamina, adrenalina, norandenalina, catecolaminas… Todas esas sustancias están pensadas para preparar a tu cuerpo, potenciarlo y ayudarlo en caso de que tengas que luchar o huir rápidamente. ¿Pero y si no hay ningún tigre? ¿Y si estás en tu sofá tan tranquilo y es tu cabeza la que se ha montado la película? ¿Y si el peligro real no existe y es solo tu imaginación y tus pensamientos anticipándose al futuro sin saber siquiera si llegara a pasar o no? Pues pasa que todas esas sustancias no se liberan de tu organismo y corres el riesgo (si esto se repite mucho) incluso de intoxicarlo.

Para explicarte esto de forma muy sencilla: la ansiedad tan sólo es un indicador, un aliado para tu supervivencia.

La ansiedad es una luz roja, una alarma, una sirena… Algo que te avisa de que hay peligro inminente. Cuando dejes de pensar/actuar de esa forma que tu cuerpo entiende como dañina o peligrosa para ti mismo, ese indicador, simplemente, se apagará.

Esto es como cuando extingues un incendio. La alarma para. No debemos centrarnos en la alarma y en cómo desactivarla, sino ver ¿dónde se ha iniciado el fuego?

¿Ves la diferencia?

La gente a veces le da mucha más importancia a su ansiedad que a detectar ¿Qué está pasando para que la ansiedad haya aparecido? ¿Qué pensamientos la preceden? ¿Qué emociones recorren el cuerpo? ¿Qué miedos hay? ¿Qué ocurre?

Mientras sigas peleándote con la alarma, hay fuego quemándote por alguna parte.

Así que olvídate de la ansiedad por un rato y busca dentro de ti ¿Dónde está el fuego? ¿Qué es lo que no va bien? ¿Qué debes cambiar? ¿Qué debes dejar de hacer? ¿Qué debes dejar de pensar? Y cuando lo encuentres y lo soluciones, la alarma se apaga sola.

En realidad deberías sentirte agradecido de tener ansiedad.

Ella está cumpliendo muy efectivamente con su misión y además su objetivo es salvarte. Está activa pitando sin parar y lo hace sólo por ti. Cada vez que sientas que te aparece la ansiedad en tu cuerpo, siente gratitud, dale las gracias por seguir ahí, luchando por ti, ¡no se rinde! Está a tu lado y no va a permitir que sigas en peligro, quiere que cambies algo.

Hay gente que lleva quizá años luchando para apagarla y ella venga a seguir pitando. Nosotros proponemos cambiar esta lucha por un dialogo interno.

Te proponemos trabajar en colaboración: tú y tu ansiedad. Preguntarle: ¿Dónde está el incendio? Y así poder ir a apagarlo. Tomate un rato para estar a solas, relajado, tranquilo, quizá después de meditar unos minutos. Y cuando te sientas en paz, pregúntale a tu ansiedad ¿por qué aparece en tu cuerpo? ¿Qué es lo que no va bien en tu vida y supone un peligro y una amenaza como para que ella aparezca?

Puede parecer una locura este ejercicio, pero si consigues ver con amor a tu ansiedad, tendrás un punto ganado. ¿El siguiente paso? Apagar el incendio interior que tienes para que la alarma se desactive por fin. ¿Cómo? Toma acciones o el fuego seguirá extinguiéndose.

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